¿Somos mochos los ensenadenses?

¿Somos mochos los ensenadenses?

Por Ramiro Padilla

 

Muchas veces he escuchado esa pregunta. Otras veces no la he escuchado como pregunta sino como afirmación. Los ensenadenses somos mochos. Pero vayamos por partes ¿Qué significa ser mochos? Según tengo entendido, un mocho es alguien ultra conservador, que ve todo lo diferente con desconfianza. La mayoría de las veces, profesa una religión, o está afiliado a un partido político que cree representa sus intereses.

Eso es lo que entiendo. Este mochismo del que hablan sobre todo los que han llegado a vivir a nuestra ciudad de otras partes, lo dicen como si todos los ensenadenses cupiéramos en la misma caja, o como si lo hubieran sacado de una página de la biblia. Hay más diversidad de la que parece. Ahora, de cierto es que una gran proporción de los ensenadenses puede encajar dentro del perfil del mocho.

Es solo que cuando escucho mocho, imagino a una ciudad sobre poblada de iglesias donde el señor cura es el líder intelectual, quién decide que es bueno o qué es malo.

Hace un tiempo, un cuate que se hace llamar capitán Ensenada subió un video estilo loquendo  (no tengo la certeza pero el texto que se lee en el video ya tiene mucho circulando) donde hace una descripción no tan detallada de algunos aspectos de la vida ensenadense:

Puedo estar de acuerdo en algunas cosas, en otras no, pero me parece divertido. Quizá para desentrañar este misterio haría falta explorar algunos aspectos que puedan contradecir lo que se dice de nosotros, como el índice de divorcios en la ciudad, la tolerancia en muchos aspectos y sobre todo, la gran diversidad religiosa que hay en el puerto. Aspectos que pondrían en entre dicho el asunto de los mochos.

Si lo vemos desde una perspectiva política, la tendencia siempre ha sido a la derecha. PRI y PAN  se han repartido los puestos de elección popular, a excepción del ya desaparecido PST (partido socialista de los trabajadores) que ganó la alcaldía de la mano del famosísimo Tigre David Ojeda. Pero ganó de puro membrete por diferencias entre sus dirigentes. David Ojeda era Priísta de hueso colorado.

Quizá nuestra cercanía con los Estados Unidos tenga mucho que ver con nuestra manera de ver las cosas. Los movimientos de izquierda del centro del país nos parecen cosas lejanas y absolutamente reprochables. Los asociamos en automático con vándalos. Es por eso que los partidos de izquierda no pintan. No pasan del 12 % en una elección normal.

Y para ejemplificar eso, la conferencia de Denise Dresser estuvo llena. Me dicen que cerca de dos mil personas fueron. La aristocracia local hizo acto de presencia porque eso sí es (in) correcto políticamente.

Todos se consternaron con la situación política y económica del país. Pero el efecto de la conferencia se acabó cuando llegaron a su casa (mochismo).

En cambio, hubo una marcha contra la privatización de la industria petrolera y no fueron ni doscientos (porque convocaba un partido de izquierda y ni entre ellos mismos se quieren).

Y aparte no es cool andar en marchas. ¡Pónganse a trabajar! Gritaban los que veían la marcha. Pero lo curioso del caso la marcha fue organizada en domingo (la mayoría no trabaja ese día).

La cuestión fue, que me puse a pensar que dos eventos que podían ser trascendentes demostraron que uno de los aspectos de la vida ensenadense es la pasividad. Nos importa un carajo si el mundo se nos viene encima. Somos buenos para salir en la foto (sobre todo si es un personaje importante) pero malísimos para exigir nuestros derechos. En eso no somos tan diferentes del resto del país.

Quizá el ensenadense sea mocho por su lejanía del centro. No ha habido grandes revueltas (lo de los filibusteros y lo de los Flores Magón pasó hace muchísimo tiempo) y nuestro índice de pobreza es  bajo comparado con otras regiones del país:

http://www.bajacalifornia.gob.mx/sedesoe/situacion/pobreza.html

o pueden revisar este link:

http://web.coneval.gob.mx/coordinacion/entidades/Documents/Baja_California/principal/02triptico.pdf

Por eso nuestra apatía, que quizá sea confundida con mochez. La realidad de las cosas es que comparados con estados más conservadores allí la llevamos. Aun nos falta un largo trecho para aceptar cosas como el matrimonio entre parejas del mismo sexo (mochismo) o darle una oportunidad a un partido de izquierda (sí ya sé, la izquierda no existe) sin pensar que nos convertiremos en Cuba o Venezuela (que esa opinión la he escuchado muchísimas veces).

En resumidas cuentas, quizá somos mochos políticamente pero no para otras cosas. Esa es la tarea que tenemos pendiente como ensenadenses. Abrirnos un poco más. Claro, sin perder nuestra esencia.

 

 

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