No todos los bestsellers son malos: “Gone Girl”

No todos los bestsellers son malos: “Gone Girl”

Por Daniel Salinas Basave

Cambiemos de canal y de vibra literaria. Bienvenidos a los reinos de las superventas millonarias. ¿Daniel promoviendo la lectura de un best seller? Qué asco. Vaya traición a la patria de la Literatura con mayúsculas. Por favor no se asusten. Aun en la comida rápida existen categorías y escalafones. Uno puede probar una plástica hamburguesa maquilada en un microondas o una suculenta hamburguesa al carbón con carne de primera. Algo similar ocurre en el mundo de los best seller. No todo lo que vende millones es desechable. Aunque un talibán hardcorero de Anagrama pueda sentirse ofendido y afirmar, como Roberto Bolaño, que vale más una mala película que un best seller, lo cierto es que no todos los libros con cifras de seis ceros son basura. De acuerdo, hay obviedades insultantes como Dan Brown o las Sombras de Gray, pero también gratas revelaciones como Gillian Flynn, una gringuita del Medio Oeste que anda rozando la cuarentena y derrocha una buena dosis de cacumen narrativo. Cierto, si de literatura estadounidense hablamos, es obvio que Gillian pertenece a la estirpe de Stephen King y no a la de Franzen, Foster Wallace o Pynchon. Por supuesto Flynn no pretende jugar al experimento ni al malabarismo (aunque el director y promotor de la colección Rojo/Negro es el bolañólogo Rodrigo Fresán). Ella se limita a contarnos una historia, pero tiene la habilidad de saberla contar muy bien. Si un adormilado lector agarra el libro a la luz de la lámpara, la autora se encarga de espantarle el sueño y regalarle una deliciosa noche de insomnio. Perdida (Gone Girl) es por la trama un típico thriller de manual. En el día en que Amy y Nick celebran su quinto aniversario de bodas en un villorrio deprimente a orillas del Mississippi, ella desaparece sin dejar rastro. Las sospechas fluyen desconcertantes y empiezan a apuntar hacia el errático marido. Como en todo buen thriller, hay un misterio sin resolver y un hilo negro que se va jalando capítulo a capítulo. Tal vez el gran aporte de Gillian Flynn es el buceo en las profundidades psicológicas de sus personajes. La salsa de la novela es el suspenso y la expectativa, pero su centro neurálgico es la psicología de una relación matrimonial. Amy y Nick son, dentro de sus particularidades, personajes ordinarios y absolutamente verosímiles. El guiño cómplice de la narradora con el lector, es la permanente sensación de que ese personaje podrías ser tú o podría ser yo. La resolución del misterio es inteligente y aporta lo que tiene que aportar: suspenso y entretenimiento. En ese sentido, Perdida no es muy diferente de otros best seller. Lo extraordinario yace en la disección del complicado tejido que construye una relación. Gone Girl es una gran novela sobre ese complicado universo llamado matrimonio. Sus cimientos, sus piedras angulares, sus grietas, su néctar y sus demonios. Un matrimonio del Siglo XXI, una pareja joven en la era de la recesión, navegando a la deriva entre sus anhelos y la adversidad de las circunstancias. Amy y Nick eran jóvenes profesionistas de Nueva York cuyo tren de vida de moderado hedonismo descarrila en el momento en que el cáncer del desempleo los alcanza a ambos. Poco después, la pareja está probando fortuna en el pueblo natal del marido, una villa fracaso perdida en el estado de Missouri. El castillito de su matrimonio se vuelve de arena mojada. La desaparición de Amy es la punta del iceberg que sale a la superficie desde un abismo oceánico de profundidad inabarcable. El gran misterio de esta novela no es dónde está la mujer perdida. El gran misterio es lo que hay dentro de los pensamientos de la persona que duerme a lado tuyo. DSB

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