Isela en el país de lo ordinario – cuento (primera parte)

Isela en el país de lo ordinario – cuento (primera parte)

Sábado 2 pm.

Se dirige a las piedras de Playitas, sitio popular en el verano entre estudiantes y hipsters, en su bicicleta, una “camello” amarilla con franjas grises, su traje de baño y un cuaderno de notas. Su intención no es encontrarse a las amistades usuales, las guitarras y caguamas playeras, sino la de meditar y ensimismarse por un par de horas, era su meta e itinerario ese día, según lo había planeado la noche anterior de insomnio, el terrible insomnio que anunciaba un importante cambio de cosas para Isela.

El subtexto.

Ya nada es lo mismo, tengo novio, pero las relaciones no me llenan, o no ahora. El amor no es la solución completa y el enlace romántico parece ser una sutil política, un juego sutil de señales y tentaleos anímicos entre dos egos, aunque afines y aliados, casi siempre. Debe haber un modo mas alto y relevante, se dice.

El sueño.

Según el sueño, si se echa un clavado entre esas dos piedras y suspende su respiración lo suficiente hasta llegar al fondo, algo extraordinario ocurrirá.

Así lo hace, mientras amistades que la reconocen le gritan: “acá estamos Isela, que show?”. Al llegar a cierta profundidad, la temperatura del agua cambia, es tibia, agradable, casi la del cuerpo; el agua se ilumina y se distingue una caverna submarina, que parece llamarle; se adentra y se da cuenta que existe una cavidad de aire, puede respirar, se sienta en una roca, dentro de la pequeña cueva y presiente que alguien está o ha estado ahí, hay artículos personales en el entorno, un visor, una cazuela, hojas de papel y algunas plantas aromáticas en una bolsa de plástico; que extraño, no siente temor alguno.

Despierta y realiza que se ha dormido unas horas, quizás debido a la composición del aire. Al emerger ya es tarde, debe haber estado en la cueva por 5 horas. Que experiencia tan extraña, piensa, y a la vez el incidente se siente completamente natural y no extraordinario.

Contacto.

Al llegar a casa checa su Facebook y una persona llamada “ollanta pismo” pide agregarse con un mensaje: “sabemos que estuviste en el sitio, sabemos todo lo que ocurre en tu ciudad y en el país, somos una comunidad antigua, esencial y originaria, guardianes de los secretos y los escudos; vivimos entre ustedes, en recintos submarinos y en el terreno; México está en manos de personas viles e inconscientes, congruentes con la actual ola de obscuridad en el mundo entero, pero ya es el final de su ciclo materialista y necio; están apareciendo emisarios en la comunidad, la búsqueda del placer simple no es la onda, ni el intelectualismo obvio; buscamos gente con un entendimiento especial, surgirán mutantes y anunciadores, sé atenta.”

Al leerlo, Isela piensa: wtf! que raro, y ese vato?….

Inercia.

En los siguientes días, no deja de acordarse del evento y razona: amo a mis padres, sé que esa experiencia es transcendental y podría sentirme afortunada pero mis jefes esperan algo de mi, no puedo defraudarlos, tengo el novio ideal, me gusta mi carrera; tal como mis padres, seré un pilar en esta sociedad. Por generaciones, hemos ido a la misma tortillería, al mismo salón de belleza, al Hussong’s todos los jueves, me da flojera entrar en un nuevo proyecto, a un modo diferente de ser… hay sabiduría en lo ordinario, todo sigue igual, no pasa nada, cambios muy radicales ponen nerviosa a mi mamá.

Se monta en su camello y se va a la fiesta en Calle Esmeralda.

——

continuará…

 

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