Ser el más creativo o ser el nerd del salón. El que pasa todo a números, el que se la vive en las nubes. El cuadrado, el aburrido. El que lleva el orden, los tiempos, las formas. El ansioso, el extrovertido, el expresivo. El que se preocupa de que las cosas salgan siempre según los acuerdos. El que no quiere que las cosas sean siempre iguales. El que inspira confianza porque sabes exactamente qué esperar de él. El que da seguridad en que “algo se le puede ocurrir para solucionar el problema”. El ying y el yang. El cuadrado y el circular. 


Todos hemos sido en algún momento el (o la, no distingo en géneros al querer buscar la identificación conmigo mismo) tachado de una u otra forma. Algunas veces, muchas más, tachado como uno de los dos, identificados, etiquetados, hasta etiqueta-diagnosticados por personas que no deberían diagnosticar o peor aún, por quien sí puede pero no ha llevado un proceso clínico,  psicológico o  terapéutico con el etiquetado. Pero dejo ese tema para el final.


“Es que la sociedad es muy cuadrada” “Es que hoy en día no hay orden ni principios”. ¿Lo has escuchado alguna vez? Yo, a veces, más de una vez al día. Por eso me atrevo a debatirlo, desde mi circular vida donde las cosas se me salen de control y soy disperso (eso no dicen, vean el texto) pero donde a veces mencionan que soy metodológico y siempre tengo un plan. ¿Suena contradictorio? Claro. Así es el mundo. Todos traemos lentes para ver cuadrados y redondos. ¿Podemos quitarlos? Claro. Pero salen muy caros, hemos vivido para comprarlos. Tal vez vale mejor, usar una lupa distinta de vez en cuando.
Y voy con la opinión subjetiva: cada quien ve la tierra, el globo terráqueo,  desde la perspectiva de nuestro  cerebro, del talento, de los sueños, cada quien sufre más las restricciones del entorno según sus ojos. El mundo no es justo, ni perfecto. No es ni cuadrado, ni circular. El mundo es un péndulo en balance, un equilibro que se parece más al promedio de dos excesos que a la medianía de una recta. 


Y claro, también tenemos derecho a no ser ese que una vez no logra una recta o curva perfecta. Ese que pierde el control aunque tantos confíen en el. A tener un bloqueo creativo. A no ser siempre igual. A experimentar con el orden y la metodología en todo aún siendo una mala copia de John lennon o Salvador Dalí, a ser disruptivo y llegar con camisa y shorts aún cuando todos te han visto siempre con corbata, derecho a ser bueno siendo “muy así” y de vez en cuando, muy quién sabe cómo. 


No todo es clínico. No todo desbalance está mal, aunque la necesidad de atención mental es aún menos fuera de lugar. No hay nadie más admirable que aquel,  sobre todo joven o adulto joven, que en una sociedad llena de prejuicios (y exceso de expectativas también, incongruencia circucuadrangular) a la juventud, se anima a iniciar un proceso. 


Sirva esta opinión como homenaje a dos grandes tipos de héroes  de nuestra sociedad: el etiquetado o mal diagnosticado que vive en medicación o que desarrolla el mal después de la falsa cura  y el ignorado que sufre en silencio por la falta de modelos de intervención. Porque algo estaba mal con su talento circular o su ansiedad cuadrada y lo pusieron a golpear costales y colorear mandalas.


Un homenaje al que dice que es TOC, TDAH o bipolar. Al de las manías. El diagnosticado por la tía, del tío, del abuelo, del amigo, que tiene un psicólogo en la familia que dice que dijo su maestro que hay que tomar rivotril o quiénsabequétantacosa, al que dice  que conoce un psiquiatra que sabe mucho y tiene un amigo de un amigo que vende baratas las recetas.


Tú me dirás que representa en tu vida cada uno de los elementos. Vive el círculo y siéntete feliz de ser creativo, de romper esquemas. Enciérrate en el cuadrado  y ordena el mundo. Si miras los lentes del mar la verás cuadrada y si buscas referencias geológicas verás una figura nada redondita. Rueda como pinball y embona como tetris en ese mundo imperfecto. Al final Todos somos círculos con esquinas y cuadrados medio redonditos, queriendo embonar o rodar. 

Cristian es autor, conferencista y político independiente. Trabaja como tallerista con adolescentes, asesor de comunicación y promotor de eventos. Promueve la lectura y creación literaria desde hace 10 años. En sus tiempos libres, ayuda voluntariamente a quienes de verdad trabajan por cambiar la política/ciudad de forma honesta y de vez en cuando sueña con hacer algo más que ayudarles. Estudió psicología y un poco de derecho-derecho.