Identidad y cultura ensenadense

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De forma curiosa, las discusiones en torno a “la” identidad ensenadense terminan en su negación. Hice un intento de explicar (explicarme) este asunto nebuloso a través de un ensayo que escribí hace algún tiempo aquí, en este mismo portal. Lo que más me llamó la atención fue precisamente eso, su negación. Identidad y cultura van de la mano. Podríamos decir que hay una fuerte dosis de identidad del ensenadense con su ciudad y sus valores, pero al mismo tiempo, y comparado con los habitantes de otras regiones del país, tiene una cultura mexicana pobre. Quizá allí radique la confusión de quienes nos critican. Y para entenderlo,  habría que comparar esta identidad con algo, o alguien, o con alguna otra zona geográfica. No conozco a ningún regio, chilango, tapatío, guerrerense, que se la pase dando explicaciones acerca de su identidad, justificándola o en su defecto defendiéndola ante quienes dicen que no existe o no la tiene. Y al hablar de identidad fuerte versus cultura pobre, No me refiero al nivel de educación, más bien a la juventud de la ciudad.
Los pobres análisis que se hacen con respecto a mi ciudad y sus habitantes desembocan en esta conclusión. Y se debe de manera clara al hecho de que confunden gimnasia con magnesia. No tenemos catedrales bizantinas ni ex conventos de clausura, o muchos héroes que nos dieran patria. Acá no llegó la revolución y nuestros únicos referentes son los filibusteros. Esto es, a los ojos de los recién llegados, la vista de nuestra ciudad con sus atractivos pero poca arquitectura es una señal mal interpretada de poca identidad. Más bien tuvimos condiciones que nos hacen, dentro del mexicano en general,  una cultura de la periferia, con una identidad definida, más en la órbita de algunas ciudades de Estados Unidos (por su juventud) que por el deseo de ser mexicanos a toda costa.
Para entender la identidad del ensenadense entonces habríamos de ponerlo en un contexto distinto al de su ciudad. ¿Es el ensenadense identificable cuando visita una región distinta de la suya? Por supuesto. No hablo aquí del acento, sino de muchas actitudes. En una de mis primeras visitas al DF me entrevisté con un escritor chilango famoso. El choque cultural fue brutal. Yo en mi supuesta amabilidad no entendía los códigos de conducta de aquellos lares. Ser directo, aunque fuera muy amable lo consideró una tremenda grosería. En Guerrero me acusaron de ser un mexicano del primer mundo. Los argentinos sintieron una inmensa curiosidad por conocer un mexicano del mediterráneo, totalmente distinto a los tapatíos y chilangos. Los cubanos me identificaron de inmediato con la inmensa cultura californiana, sí, esa de las misiones, los exploradores, la conquista del desierto, una región que va desde la Paz hasta los límites del estado de Washington en Estados Unidos, por mucho tiempo una misma región antes de la guerra, cuyo remanente, la identidad vaquera, es parte integral de nuestra cultura y de siglos.
En Jalisco el tradicionalismo Jacobino de los Altos  no tendría cabida ni por un momento por acá. ¿Cantinas que cierran a las doce de la noche? ¿Iglesias rebosantes de fieles? ¿Temor a los fuereños?  No. Eso no nos caracteriza. En Guerrero hay una cultura centenaria de cacicazgos. Cacique es una palabra que a nuestros oídos suena rarísima, el guerrerense en general la usa de diario. Entonces, si hablamos de elementos característicos, la ausencia de estos tendrían por fuerza que convertirse en parte de nuestra identidad. Juan Rulfo lo expresaría en alguna ocasión refiriéndose al hecho de que el estado  estaba lleno de sinaloenses y jalicienses. La migración en general tuvo sus elementos característicos, José Vasconcelos, un pro nazi, quedaría maravillado por la belleza de la mujer porteña a principios del siglo XX. Somos ensenadenses porque somos hijos de migrantes. Hijos de migrantes de costumbres difuminadas y muchas veces americanizadas. Pero así somos.
Hablar de falta de identidad presupondría también que se conocen los elementos concretos de esta. Para contextualizar diría que mucho tiempo después de la independencia del país, no había nada que se pudiese llamar  identidad nacional. La guerra con Estados Unidos presupuso el inicio de la formación de esta, México al igual que Baja California también es un país joven. Octavio paz intentaría explicarlo en El laberinto de la soledad. Pero al igual que todas las identidades, forma parte de un inmenso mosaico que es nuestro país, en el que conviven distintos tiempos y tradiciones, por eso, es importante no juzgar a la ligera. El tema da para más. Lo seguiremos discutiendo.

Escritor ensenadense, nacido en 1968. Ha colaborado en diversos medios de comunicación y es Editor y Director de la Editorial San Mateo que ha dado múltiples espacios a escritores de Ensenada, y de otras partes de México

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