“El karma de vivir al Norte” de Carlos Velázquez

“El karma de vivir al Norte” de Carlos Velázquez

Por Daniel Salinas Basave
“Sentir hasta resistir, el karma de vivir al Sur”, reza una melancólica rolita de Charly García, misma que estoy seguro escuchó alguna vez el escritor lagunero Carlos Velázquez, quien simplemente cambió el hemisferio, si bien su libro El karma de vivir al Norte nada tiene que ver con la saudade del argentino. Vaya, si a comparaciones musicales nos vamos, el libro de Velázquez es más bien como una rola hard-core punk: furiosa, directa, como un trancazo con puño cerrado en plena cara. Lo leí en solo dos noches de arrasador insomnio y ahora me cuesta trabajo creer que hubiera podido leerlo de otra forma. El de Velázquez no es un libro para el sosiego o la ensoñación. Es un trago largo y sin mezclar de un licor rudo y pendenciero. En este mismo año reseñamos en Biblioteca Babel La marrana negra de la literatura rosa, el soez e irreverente libro de cuentos de Velázquez, pero esta sui generis y desparpajada crónica autobiográfica sobre la vida actual en la región de La Laguna es en verdad el non plus ultra de lo crudo, un verdadero descenso a los infiernos. ¿Periodismo narrativo? No lo creo. Aunque es un libro testimonial, su estructura y su intención no es de reportaje y tal vez eso lo hace más extremo. Vaya, las mesas de novedades editoriales yacen infestadas de narco-libros que prometen escandalosas revelaciones sobre los capos de la mafia, pero su misma distancia periodística acaba por enfriarlos. El karma de vivir al Norte, en cambio, es el anecdotario de un ciudadano de a pie, un escritor que habita en pleno centro de Torreón, Coahuila y es testigo de la manera en que su entorno se ahoga en un baño de sangre. Un ciudadano cualquiera que es padre de una pequeña de cinco años y además es consumidor de cocaína. Un libro escrito con rabia, desesperanza y mucho humor negro, con palabras arrojadas, desparramadas, sin demasiado cálculo o edición. Cierto, hay párrafos y expresiones que el narrador pudo ahorrarse, hay momentos en que la prosa acaba por ensuciarse, pero tratar de corregir esos defectos sería tanto como quejarse de la distorsión y el sonido rasposo en una melodía punketa. Velázquez escribió así, de primera intención éste que fue su hijo no planeado, que surgió espontáneo, sin decir agua va, aunque me parece obvio que el libro amamantó de un magistral híbrido autobiográfico parido también en Coahuila, que fue Canción de tumba de Julián Herbert. Entre los mil y un libros prescindibles que la guerra del narco nos ha dejado por herencia El karma de vivir al Norte es quizá el más brutalmente honesto. Un verdadero cuchillo en las entrañas.

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