2666, un oasis de horror

2666, un oasis de horror

Por Jorge Postlethwaite

Esta cifra me persigue,  me acecha. En mi carro el kilometraje hoy terminó en 666.  Avancé un poco más sólo para borrar el dígito ominoso, ceder a un angelical siete. Me percaté que ya era hora de terminar el libro, un mamotreto de más de mil cien páginas.  Demasiadas horas, demasiadas páginas continuas metido en la mente de un autor. Casi al final de la lectura me pregunto, por qué escogió este título Roberto Bolaño, anteponiendo el 2 a 666,  ¿podría significar una multiplicación del mal? Pues para todos el triple dígito evoca alguna calamidad al menos de que estés en una secta satánica. El epílogo de la novela explica que el título es una fecha en una lápida enmohecida que apareció antes en otra obra de Bolaño. ¿Esta fecha qué representa para el autor? Lo seguía y acechaba supongo que a él, como a mí, como a cualquier lector de esta novela. Es su indudable tour de force. Bolaño sabía que iba a ser su última novela y los últimos detalles de impresión y distribución los enumeró en su lecho de muerte.  2666 es quizás la novela más ambiciosa que he leído, por su alcance y su volumen. En resumen podría decir que trata sobre un autor que por causas fuera de su control se relaciona con las muertas de Juárez. Sin embargo trata de mucho más, muchísimo más. De hecho no aparecen las muertes hasta que el lector está muy adentrado en la trama. Inicia la novela con las vidas anodinas de un círculo de críticos literarios, todos fanáticos de un tal Archimboldi, que a su vez es una figura elusiva, un recluso y desconocido autor con un halo de misterio rodeando su identidad. Archimboldi se convierte al final en protagonista de la novela. A veces cuando describe al solitario Archimboldi, Bolaño parece estar hablando de sí mismo, y el legado que podría dejar con sus libros. (Ejemplo: “Todo libro que no sea una obra maestra es carne de cañón, esforzada infantería, pieza sacrificable dado que reproduce, de múltiples maneras, el esquema de la obra maestra”). Obviamente ya se enfrentaba a su propia muerte. Antes de morir, Bolaño giró la instrucción de editar y distribuir la novela en cinco partes, instrucción que los editores prefirieron no obedecer y mejor publicarlo todo en una sola exhibición, supuestamente porque era mejor para la consistencia de la obra.  Así que el que lea esta novela, está técnicamente leyendo cinco novelas en una. Es toda una hazaña terminarla, pero una grandísima e increíble hazaña para Bolaño, quien la escribió. Si alguien nunca ha leído a este chileno-mexicano , recomiendo empezar con algunos de sus cuentos o con su novela Los Detectives Salvajes, que tiene una hermandad con 2666 pero no debe de rebasar las trescientas páginas.

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